El ámbar no es una piedra, pero guarda en su interior millones de años de historia. Es una resina fosilizada, cálida al tacto y al alma. Se siente como un abrazo suave y protector, ideal para momentos en los que necesitas sanar, soltar y reconectar con lo esencial.
Aplicación esotérica: El ámbar se vincula simbólicamente con la calidez, la vitalidad y la conexión con la naturaleza. Su tono dorado y su origen orgánico lo convierten en una pieza muy especial para acompañar momentos de calma y contemplación.







